Unión Económica Euroasiática y Belarús: tertulia con embajador

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El diálogo es un arma clave entre sociedades, que facilita el encuentro, el entendimiento y que abre perspectivas de comprensión y mejora. Reflexionar sobre los vecinos menos convergentes con la Unión Europea en una entidad europeísta como el Instituto 9 de Mayo se ha de ver como una fuente de diálogo y como una oportunidad.

El pasado sábado, 15 de mayo, el Encargado de Negocios de Belarús en España, Sergey Lukashevich, acompañado del cónsul Yaraslau Kavalchuk, pusieron más de dos horas de su tiempo a disposición de un grupo del círculo i9M con interés académico en el Este de Europa y dominio del ruso, lengua vehicular del encuentro.

La tertulia, organizada en la sede de la entidad, nos permitió abordar una multitud de temas con los representantes bielorrusos, desde la interesante geopolítica de este país – estratégicamente situado entre la Federación Rusa y la Unión Europea – a sus perspectivas de desarrollo en el marco de la Unión Económica Euroasiática, pasando por las relaciones diplomáticas con España, además de su actualidad interna. En las siguientes líneas, se recogen algunos de los aspectos más importantes discutidos en cada apartado.

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La UEEA

La Unión Económica Euroasiática –formada por Rusia, Belarús, Kazajistán, Armenia y Kirguistán– es relevante por los miembros que la integran y porque todavía no ha llegado a la anunciada escala política de integración que bajo el nombre de Unión Euroasiática sería más intensa que la actual integración de la Unión Europea.

También lo es por la labor que está suponiendo superar el sentido de la Comunidad de Estados Independientes postsoviética en un largo proceso de integración económica que no ha salido a la primera, y porque tras más de seis años desde su fundación, continúa funcionando como unión aduanera, mercado único, y como institución supranacional. Finalmente, también es importante por su futuro, por su potencial, por aquello en lo que está convirtiéndose y lo que queda por venir, en la “Época post-Covid”.

Así, una breve introducción a cargo de uno de los autores de estas líneas, estudiante de máster en Moscú, dio paso a una cordial dinámica de discusión y preguntas, que planteó a los asistentes el reto de descubrir las incógnitas de esta otra Unión en nuestro continente y su futuro.

La posición de Belarús

El representante bielorruso explicó que su país presenta una (geo)política particular.

En el plano socioeconómico, Bielorrusia – denominación más cotidiana en lengua española, pero referente allí a la época soviética – fue una de las repúblicas más avanzadas en la antigua URSS y, tras la desaparición de ésta, ha seguido manteniendo un modelo económico centralizado. Con el apoyo internacional, el país viene avanzando en su transformación en una economía de mercado plena. El jefe de misión hizo gala de que hay prácticamente pleno empleo, al tiempo que la sanidad y la educación conservan un buen nivel de calidad y son públicas y gratuitas. Entre los desafíos, una peculiaridad de la economía bielorrusa es su vulnerabilidad a los shocks externos, debido a la dependencia energética y económica de la Federación Rusa, ahora más pronunciada que antes.

En cualquier caso, la relación con Rusia es una de las prioridades indiscutibles de la política exterior bielorrusa, habida cuenta de los acentuación sobre cuantos vínculos políticos, militares, comerciales, sociales, culturales, lingüísticos y familiares existen entre ambos países.

Por otro lado, Belarús se encuentra dentro del enfoque del Partenariado Oriental, el instrumento lanzado por la UE en mayo de 2009 para fortalecer la cooperación política y económica entre la Unión y sus vecinos del este. En los últimos años han aumentado de manera muy significativa los contactos con China, dentro de los intentos globales de Bielorrusia por diversificar su política exterior. Anteriormente su pudo comprobar las capacidades de acercamiento con Estados Unidos.

Con todo, la economía está intrínsecamente relacionada con la geopolítica en un mundo globalizado. Por ello, Belarús, aunque busca socios comerciales para su producción nacional en distintos continentes, confía en ese gran proyecto de integración económica euroasiática toda vez que no forma parte todavía de la Organización Mundial de Comercio.

En este sentido, la república puede jugar un papel clave como puerta de acceso europea a un mercado de más de 180 millones de consumidores, siendo notorio que Kirguistán – otro miembro de la UEEA – está siendo la puerta de entrada asiática, aprovechada por potencias como China.

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En relación a sus otros vecinos, cabe destacar fuertes lazos con Ucrania y el papel de Minsk como plataforma para las reuniones del Grupo de Contacto Trilateral (Rusia, Ucrania y la OSCE) sobre la solución del conflicto en el Donbás.

La UEEA en su entorno

Un acercamiento interesante a la UEEA es ponerla en contexto temporal de su propia integración y en comparación con la trayectoria de proyectos similares.

Así, resurgen las cuestiones sobre conflictos comerciales entre los países que la integran o la operatividad de la Comisión y de la Corte, órganos de la UEEA, sobre lo cual el Sr. Lukashevich puso a disposición de los asistentes su experiencia personal en las reuniones de estos. Por ejemplo, de las constantes negociones internas la parte bielorrusa ha conseguido aumentar su cuota en el reparto de fondos comunes.

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La energía resulta otro punto clave para el progreso en el comercio y el mercado común, pudiendo entenderse como la moneda de cambio en las relaciones de este bloque. En este sentido no puede dejar de llamar la atención el peso de Rusia en la Unión.

En otro orden de cosas, hay que atender a las posibilidades de integración horizontal con la posible adhesión de países como Uzbekistán, además de los vaivenes políticos al respecto de Moldova.

Un tema de especial interés, que aportó calor al diálogo tanto o más que el sol de la mañana valenciana, fue el de las relaciones de la Unión Europea con la Unión Económica Euroasiática. En el contexto de las líneas rojas trazadas por Bruselas, principalmente sobre Rusia, la pregunta y reto sería hasta qué punto cuestiones de orden bilateral han de condicionar la posición de la UE sobre el mercado de la UEEA.

Afirmaba Tocqueville que “el comercio es enemigo natural de pasiones violentas”. Por esta razón una de las respuestas, basada solo en intereses mercantiles, es que el estrechamiento de relaciones económicas representa una oportunidad de mayor prosperidad para ambos proyectos. Pero esa es solo una cara de la moneda y, como queda patente, la Unión Europa no está marcada por el apellido “económica”.

Relaciones con España, marcadas por la situación interna.

En cuanto a los contactos bilaterales con España, el 13 de febrero de 1992 se establecieron relaciones diplomáticas. La Embajada y el Consulado General de España en Moscú son los encargados de los asuntos relativos a esta república, al no contar – lamenta el Sr. Lukashevich – con una misión propia para Minsk. El 31 de mayo de 2018 la contraparte abrió su embajada en Madrid.

Las relaciones bilaterales que mantienen España y Belarús son todavía incipientes. Prueba de los intentos de dinamizarlas es la presente visita de los diplomáticos bielorrusos a València y sus reuniones, entre otros, en la Cámara de Comercio.

No obstante, este encuentro – lleno de sinceridad en el intercambio de opiniones – no hubiera sido completo sin abordar las diferentes perspectivas sobre la necesidad de un mayor diálogo político en el país, desde que es notorio el conflicto generacional y que al menos una parte de la población reclama cambios.

Esta conversación en lengua rusa con el alto funcionario bielorruso ha sido enriquecedora para quienes hemos participado de ella. Para uno de los autores de estas líneas, además, ha servido de motivación para perseverar en la preparación de las oposiciones la Carrera Diplomática en España, poniendo de relieve la importancia de la diplomacia como salvaguardia para la seguridad y el bienestar en Europa en su conjunto.

Finalmente, agradecer al Instituto 9 de Mayo su labor en la promoción de este tipo de encuentros que contribuyen enormemente a perfilar una identidad europea común, así como al jefe de la misión diplomática bielorrusa por su disposición. 

Jesús Yániz y Miguel Martínez

* Esta publicación puede contener opiniones personales de los autores que no representan, necesariamiente, la postura del Instituto 9 de Mayo.

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