Tras la visita de la presidenta alternativa de Belarús a España

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La pasada semana de diciembre, Svetlana Tijanovskaya, líder de la oposición al régimen de Aleksander Lukashenko, llegaba a Madrid a la postre de una gira por capitales europeas, en algunas de las cuales se le dió tratamiento de presidenta electa.

El lunes, día 21, mantuvo un encuentro con la diáspora bielorrusa en España, evento que ha podido presencial el autor de estas líneas.

Su presencia tangible, cercana, suponía una bocanada de oxígeno para los que se congregaron en torno a ella y un premio a su compromiso con lo que representa.

Sin embargo, llama la atención que la emoción que, sin duda, estos sentían, no se materializó en expresiones arrebatadas ni apasionadas, como pudimos ver entre los ucranianos que apoyaron la conocida como Revolución de la Dignidad (el “segundo Maidán”). La propia Tijanosvkaya temía que el apoyo a la oposición se convirtiera en una causa romántica para los europeos occidentales; en este sentido, resultó significativo que, a pesar de que la sala y las personas estuvieran engalanadas con los colores de la República de Belarús de 1918, nadie se dejó llevar por la emoción, ni siquiera cuando una joven empezó a cantar Mury intentando inducir a los asistentes a seguirla.

Las personas que fueron a encontrarse con Svetlana, la madre que esperaba ejercer de nuevo como profesora de inglés, no se deja llevar por arrebatos sentimentales y el apoyo que estos ciudadanos corrientes prestan a la oposición no es sino producto de inquietudes y angustias del día a día.

De hecho, los ciudadanos allí congregados agradecían que el programa de la oposición estuviera redactado de una forma sencilla, puesto que esto, razonan, habrá de favorecer el que el ciudadano medio pueda entenderlo y asumirlo como reflejo de sus aspiraciones y reivindicaciones más genuinas.

Los bielorrusos de la diáspora están horrorizados con las noticias que les llegan desde su país en relación a la persecución desatada contra los opositores – por ejemplo, se publican fotos suyas cerca de sus casas con insultos y amenazas – y las condiciones de detención que estos padecen y, sin embargo, los más comprometidos con las actividades opositoras en España, conscientes de que, en algún momento, tendrán que regresar a su país para hacer trámites o resolver otras cuestiones personales, asumen con serenidad que, en el momento en el que pisen suelo bielorruso, serán puesto bajo arresto.

Así pues, considerada por algunos analistas como una nueva “revolución de colores”, e, incluso, como un nuevo Maydan, nos encontramos con uno de los movimientos ciudadanos más flemáticos y sosegados de entre los que han agitado el espacio posoviético en los últimos años.

Cambios en la sociedad bielorrusa

Una joven y brillante asistente al acto comentaba que, los últimos acontecimientos vividos en Bielorrusia y entre la diáspora, habían revelado cambios importantes: en primer lugar, si bien, antes los ciudadanos hacían lo que se les decía, ahora, el ciudadano medio y, muy especialmente, las nuevas generaciones, conocen otras realidades y son capaces de analizar la suya con espíritu crítico. En segundo lugar, antes, los ciudadanos iban “a lo suyo”, no se conocían, no había contacto entre ellos, mas, ahora, se habían establecido vínculos y se había suscitado un sentimiento de pertenencia, no tanto nacional, como cívico.

Lamentaba, sin embargo, que la oposición se encontrara dividida, hasta el punto de que, entre los propios asistentes, se daban casos de personas que no se hablaban entre sí a causa de distintas divergencias. El autor de estas líneas ya vivió, en este sentido, situaciones realmente lamentables y duras, si bien, la conclusión a la que llegó es que, más allá de las rencillas originadas por estas discordias, estas últimas no reflejaban sino un saludable pluralismo que, canalizado, no es sino una escuela de civismo y ciudadanía.

Tijanovskaya se reúne con la ministra de Asuntos Exteriores española.

En su gira por Europa, Tijanovskaya llegó a Madrid para sumar apoyos a su causa, lo que habría de materializarse, por ejemplo, en la imposición de sanciones más duras y eficaces contra Lukashenko, su entorno y el principal sostén socioeconómico del régimen.

La líder opositora mostró un especial interés por la experiencia española en la transición desde un sistema autoritario a una democracia plena y solicitó la ayuda de expertos – tanto españoles, como del resto de Europa – para que la asesoraran en materia de reformas políticas, económicas y sociales.

La postura de los representantes del Estado bielorruso

Los representantes oficiales del Estado bielorruso sostienen, por su parte, que la líder de la oposición se habría reunido en Madrid con la ministra de Asuntos Exteriores española, de modo que, España, se habría convertido en el décimo país que, en el marco de la política común asociada de la UE, recibe a una persona que está incluida en la lista interestatal de individuos buscados en Bielorrusia y Rusia por hacer “llamamientos al derrocamiento violento del orden constitucional”.

Desde esas mismas instancias oficiales, se preguntan cuál será la opinión de los expertos españoles respecto a qué ocurriría si, Bielorrusia y sus socios estratégicos – es decir, Rusia -, en el marco de su asociación con estos, acogieran la visita de un conocido político de Cataluña que celebró un referéndum, el 1 de octubre de 2017, sobre la independencia de una de las regiones de España.

Por último, señalan que el diálogo oficial, ha de establecerse con el actual gobierno de Bielorrusia, y que las relaciones entre ambos estados deberían basarse en el principio del respeto mutuo y de la no injerencia en los asuntos internos de cada uno de dichos estados.

En suma

La gira de Svetlana Tijanovskaya por la UE debería servir para hacer reflexionar a aquellos que han apelado al diálogo interno, es decir, al de los propios bielorrusos, sin injerencias (abusivas) de las potencias, ya sea Rusia o la UE.

Dado que los propios bielorrusos no se dejan llevar por el romanticismo ni las pasiones, tampoco agentes externos deberían exacerbar los ánimos de las partes. Desde luego, las propias autoridades bielorrusas, deberían revisar su política penitenciaria, controlar la actuación de las fuerzas de orden público y sancionar cualquier acto violento o coacción producida entre ciudadanos, del mismo modo que la oposición debería centrarse en aprovechar la puerta que se abre con motivo de la anunciada reforma constitucional, en vez de poner el énfasis en la imposición de sanciones y castigos: el diálogo debería hacer posible una reforma constitucional que reflejara, de manera eficaz, la nueva realidad de la sociedad y las aspiraciones legítimas de, como poco, una buena parte de la misma.

Si bien, los cambios sociales pueden ser producto de la acción de unos u otros agentes de cambio y, por lo tanto, la exigencia de cambio no ser otra cosa que la proyección de los intereses de, en ocasiones, una minoría o de un grupo de presión concreto, también es cierto que, quien ostenta el poder, debe escuchar y atender las inquietudes, reivindicaciones y necesidades de ciertos sectores de la sociedad, por minoritarios que sean, a fin de que las heridas puedan cerrarse y, en este caso, Bielorrusia siga dando pasos adelante en la construcción de un futuro en paz, libertad y prosperidad.

 

* Esta publicación puede contener opiniones personales del autor que no representan, necesariamiente, la postura del Instituto 9 de Mayo.

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